La Electricidad

Thales1

¿Cómo sería nuestro mundo sin electricidad?

El descubrimiento de una fuerza misteriosa

La electricidad, del griego elektron (‘ámbar’), fue descubierta por el griego Tales de Mileto en el 600 AEC, mediante la observación de los fenómenos de las cargas electromagnéticas producidas mediante frotamiento de una varilla de ámbar. Pero no fue hasta mucho después que este curioso prodigio empezó siquiera a intentar comprenderse.

Cuando empezaron las investigaciones sobre la electricidad hace menos de 200 años, los científicos tenían la sensación de estar interactuando con fuerzas del “todo poderoso” porque los fenómenos que se revelaban parecía que iban mas allá de los límites de la razón. Para intentar hacernos una idea del asombro y fascinación que debieron sentir las comunidades científicas de la época, habría que retrotraerse a los experimentos realizados por Gilbert, von Guericke, William Hoxbury, Stephen Gray, van Musschenbroek o Henry Cavendish que descubrieron que la electricidad estaba relacionada con otra de las fuerzas esenciales de la naturaleza: el magnetismo.

 Tras siglos de experimentación con la electricidad, nace una nueva etapa de auténtico conocimiento: la del descubrimiento de los campos eléctricos y las ondas electromagnéticas. Esta interactuación entre fuerzas significaba que mediante el desarrollo de una fuerza podía generarse la otra, como ocurre con el impulso del agua, que puede ser convertido en energía eléctrica por medio de generadores, o al contrario, en los que la energía eléctrica puede convertirse en cinética como ocurre en el caso de los motores.

 Con el aprovechamiento de este vínculo el hombre podría generar una cantidad ilimitada de energía eléctrica y utilizarla para poner máquinas en funcionamiento, comunicarnos de un continente a otro e iluminar nuestros hogares, constituyendo así:

La base del mundo moderno

 La electricidad además de producir luz y calor también sirve para conectar al mundo a través de las redes y las emisiones de radio y televisión. A lo largo de los últimos siglos nuestra dependencia respecto de la electricidad ha ido aumentando progresivamente.

La energía eléctrica es, a día de hoy, base fundamental del sistema productivo de una sociedad, y está íntimamente relacionada con su desarrollo y prosperidad.

 La energía es también muy costosa y su obtención cada vez más cara, siendo además, en el caso de España, fuertemente dependiente de mercados extranjeros.

Su proceso productivo tiene por otra parte en todas sus fases, desde su extracción hasta su uso final, alguna incidencia sobre el medio ambiente.

Así pues, teniendo en cuenta su carácter de eje fundamental del desarrollo de la sociedad actual y atendiendo también a su fuerte impacto ambiental y económico, podemos afirmar que la energía es una de las piezas claves del desarrollo sostenible, ya que en la misma hay que conjugar factores tales como: crecimiento económico, optimización de los recursos y preservación del medio ambiente.

Programas de impulso y estrategias europeas

Dada la importancia señalada del sector energético como sector estratégico clave en el desarrollo de la sociedad moderna, la Unión Europea y las naciones que la integran han diseñado un conjunto de estrategias y disposiciones legales, al objeto de preservar lo máximo posible la independencia energética del conjunto de su sociedad y preservación del medio ambiente mundial estableciendo una serie de directrices al objeto de alcanzar diversos objetivos de ahorro y eficiencia energética (Protocolo de Kioto, Estrategia 20/20 del Consejo Europeo de 17 de junio de 2010, Plan de Acción de Ahorro y Eficiencia Energética 2011-2020 del Ministerio de Industria o el programa Pasener de la Junta de Andalucia, por mencionar solo algunos).

Estos objetivos marcados se pretenden alcanzar liberalizando el sector energético para repercutir sobre el ciudadano los costes directos e indirectos de la generación y uso de la energía, fomentando el uso de energías renovables, potenciando sistemas eficientes de generación de energía y aumentando la eficiencia energética reduciendo por tanto la intensidad energética total (relación ciudadano-energía-PIB) del conjunto de su sociedad.

Por otra parte, además de las distintas normas y leyes aplicables con carácter vinculante, se han previsto una serie de exenciones fiscales e incentivos aplicables con carácter de subvención económica articuladas por las distintas administraciones (Programa de Construcción Sostenible, líneas ICO, fondos JEREMIE y otros).

Para alcanzar estos objetivos en el diseño de un edificio o en una instalación, es recomendable la conformación de un equipo interdisciplinario que valore la viabilidad de distintas opciones atendiendo a distintos criterios y puntos de vista profesionales tales como funcionalidad en el destino final, rentabilidad, calidad, costes de operación y mantenimiento etc.

 Este equipo debe conocer las distintas disposiciones legales y normativas, estar familiarizado con los distintos programas de apoyo de las administraciones y contar con el conocimiento técnico para encontrar la solución más idónea a cada necesidad.

Nuevas Tecnologías y Recursos Siglo XXII cuenta con personal profesional cualificado en todas estas materias permitiendo ofrecer las soluciones más vanguardistas y novedosas del mercado tramitando ayudas e incentivos dispuestos por las administraciones.